Sin levantar el lápiz

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Una lluvia no nos va a parar

Página 16 · Textos publicados entre el 7 y el 12 de enero de 2022.

Salimos rumbo al noroeste argentino para darle curso a nuestras vacaciones, como casi siempre no preparamos mucho, pero esta vez creo que menos que nunca, salimos como a las 11am la idea era salir antes pero bueno… (Viole: un fin de año reciente, familia, idas, venidas y un champagne la noche anterior el combo perfecto, para que todo sea relajado, o quizás por demás de relajado..) Subimos al auto, revisamos los fluidos del auto en el mecánico, después de eso cargamos nafta y salimos, hicimos aproximadamente 170 km, pasando San Cristóbal y me di cuenta de algo bastante terrible, “me parece que me la mandé” le dije a la Viole, y sí, revisé los papeles y me di cuenta que me había olvidado la tarjeta verde, no fue tan terrible el descuido y tiene una explicación y es que tuve que sacar fotos de varios documentos para mandar al seguro del auto, el día anterior y eso hizo que me olvidara la carpetita con todos los papeles arriba del escritorio, bueno sabido esto y tomando conciencia de que no quedaba otra que volver, volvimos… bajón total. (Viole: Gastón aún tenía la ilusa idea de llegar y volver a salir, mas ambos sabíamos que no iba a poder ser posible, así que nuestras vacaciones empezaron en el río de Arroyo Leyes)

Volvimos a casa y al otro día nos levantamos temprano (como a las 6:30 creo) llovía, en este punto ya habíamos revisado los papeles necesarios y los teníamos arriba del auto, miramos el pronóstico y daba lluvia casi todos los días en Tucumán, Salta y Jujuy, esto más la lluvia reinante nos hizo dudar, (Viole: ¿será que no tenemos que ir? intentando alinear mi intuición, escuchar y observar, pero a veces el misticismo puede no tener fin, y por suerte, Gastón, ancló el propósito, y dijo:) “una lluvia no nos va a parar”, así que salimos again, bueno el viaje estuvo largo, le pusimos casi 9hs y paramos un par de veces un ratito, como a las 5 de la tarde llegamos a San Miguel de Tucumán nos esperaba José, el tío de la Viole, descansamos un ratito bajamos algunas cosas y después nos fuimos a pasear al “Camino de los Nogales” y al “Cerro San Javier”, la verdad hermoso, altos paisajes. Después de esto fuimos a comer y a tomar unas birras para volver al depto a dormir y al otro día salir de nuevo rumbo a Jujuy, la idea era llegar hasta Purmamarca.

En el medio del viaje paramos en General Güemes, un pueblito de Salta, paramos en un barsucho muy copado, donde comimos las empanadas más ricas y más baratas de la Argentina probablemente, 500 pesos la docena, sí! 500 pe la docena. Bueno después seguimos y luego de 5hs por caminos sinuosos llegamos a Purmamarca, Jujuy, un pueblo hermoso lleno de montañas, recorrimos un poco y encontramos un camping para armar nuestra carpa, el camping no es re copado, pero safa bastante bien, hay baños con agua caliente y una cocina que eso ya es muchísimo.

Armamos la carpa y después salimos a recorrer el pueblo, la verdad todo hermoso, hay muchos puestos de gente vendiendo pulóveres y cosas artesanales, también hay muchos barcitos y en todos hay música en vivo, genial. De hecho, no nos conformamos sólo con eso, y en representación santafesina nos subimos a bailar una chacarera, bueno, la verdad es que fue una invitación contundente de los músicos, y al decirles que no sabíamos bailar, nos dijeron que subamos igual que ellos nos iban a enseñar, y así la emoción de la primer noche fue llena de risas, palmas, cantos y baile. (Viole: el encuentro con la perfección que sólo la naturaleza puede crear, montañas de todos los colores, espacio abierto, distensión mental, emocional, tomados de la mano, diciendo, faaa mirá Gastoncho dónde estamos.)

Hoy nos fuimos de Purmamarca rumbo a Tilcara, el camping que se llamaba “Luna García”, cumplía lo básico pero no estaba tan bueno, no por la calidez humana si no porque no había tanto espacio para habitar, no quiero dejar de contar que la penúltima noche nos comimos un plato de llama al disco que está genial, nunca había probado la carne de llama, es rica, sabrosa, bueno y como ya dije en el post anterior creo, hay música en vivo en cada bar, la última noche ya comimos pizza, que la verdad me sorprendió, estaba genial y eso que yo soy bastante exigente con la pizza, por que me gusta hacerla rica. Bueno, a la noche cayeron algunas gotas aunque muy poco, nos decía Javier el encargado del camping que en Purmamarca llueve muy poco, que la lluvia siempre llega en febrero.

En la mañana desarmamos la carpa y juntamos todas nuestras cosas y encaramos al próximo destino, puse en el GPS “Tilcara”, y marcó 22km, así que genial, cerquita, después de aprox 30 minutos llegamos. En seguidita nomás ya encontramos un camping lo miramos un poco, nadie venía a atendernos, pero igual mucho no nos gustaba, en eso miro al lado y le digo a la Viole “mirá ahí al lado está mejor”, “sí me dice, de una” sin dudarlo nos fuimos al lado y sí, era un camping distinto con más espacio, más árboles y más copado, así que ahí ya preguntamos, salía 650 pesos por persona, precio más que razonable, volvimos a buscar el auto y ya nos quedamos, pagamos, nos registraron y empezamos a armar la carpa.

El lugar seleccionado fue bajo un viejo aguaribay (o como se escriba), terminamos de armar la carpa y fuimos a comprar carbón y algunas verduras para hacer un guiso de arroz, las comidas regionales nos cautivaron en cuanto empezamos a recorrer el pueblo (en Purmamarca, lo llaman el shopping de la zona, y la verdad es que razón tienen), las calles son pintorescas llenas de ofertas, comadres poderosas vendiendo sus productos, sus comidas, sus artesanías. Así como también lugares super chetos, pero good vibes, con tooodo lo que puedas imaginar. Uno de los lugares que más nos gustó y nos hicimos habitués fue el mercado municipal, un espacio abierto con todas las magias autóctonas, desde frutas y verduras hasta ropa y objetos e imágenes ritualistas.

Volvimos y prendí el fuego, me costó un poco por que había muuucho viento, de hecho al menos los días que estuvimos el viento fue una característica constante. La Viole cortó las verduras activamos la olla y por supuesto que después de ponerle las verduras usé la sal saborizada de las salinas, con cúrcuma, otra con provenzal y otra con ají, el guiso después de un rato estuvo listo y salió genial, bueno dejo de escribir por que hay mucho viento y hace frío. (perdón por las faltas de ortografía, tengo mal configurado el teclado) Fueron días de descanso, ya que el cambio de clima un poco nos afectó, esperamos recuperarnos para poder hacer el recorrido al Pucará.

Viole y Gastón

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