Sin levantar el lápiz

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Martina no sabe bailar

Página 10 · 4 de agosto de 2014.

Cuando Martina tenía tres años empezó a ir a clases de gimnasia deportiva. La idea era que practicara piruetas y alguna especie de baile. Fue a varias clases, con poco éxito.

No seguía las cosas que la profesora decía que había que hacer. Le costaba bastante seguir las instrucciones, gran parte de eso podía ser por la corta edad. Dos o tres veces fui a buscarla y me quedé mirando el final de la clase. Era bastante caótica y a Martina no la copaba mucho la onda de seguir instrucciones al pie de la letra. No sé a quién habrá salido esta chica.

La profe se concentraba en que el grupo la siguiera y no se preocupaba mucho si dos o tres de los más chiquitos, como Martina, no la seguían. El resultado fue que decidimos no mandarla más. Era un esfuerzo llevarla hasta allá, no avanzaba y, lo que era peor, no lo disfrutaba. Como que no le interesaba.

Ahora dejemos un poco de lado la gimnasia deportiva.

Algo que me gustaba mucho hacer con Martina era escuchar música y bailar. Generalmente reggae, que era la música que más me interesaba en ese momento. Muchas veces, después de terminar de trabajar, ponía música fuerte para relajarme y sencillamente disfrutar. Escuchaba el bajo, después la batería, después la guitarra. Trataba de completar toda la banda en mi cabeza.

Una tarde puse “Cuidado a quién votás”, de Resistencia Suburbana. Cuando terminó me puse a tocarla con la guitarra.

Y de pronto algo pasó.

Martina empezó a bailar al ritmo de la canción. Movimientos suaves y pausados, bailaba tranqui. Entonces empecé a darle más ritmo con la guitarra y a poner más acento con la voz. Martina empezó a moverse más rápido. Yo seguí dándole más ritmo.

La energía entre nosotros dos empezó a fluir. La podía sentir perfectamente, como cuando ensayaba con mi banda y todos éramos uno. En ese momento Martina y yo éramos uno.

Le di más ritmo todavía. Martina empezó a girar. Movía todo el pelo para adelante. Boom. De nuevo todo para atrás.

Yo cantaba:

—Cuidado a quién votás... cuidado, mucho cuidado a quién votás.

Empezó a hacer pasos raros, como bailando murga. Parecía que sabía lo que hacía. Se agachaba hasta el piso, saltaba, volvía a repetir el paso, movía el pelo hacia adelante, daba muchas vueltas.

Entramos en una especie de trance.

Ahora volvamos a la historia de las clases de gimnasia y comparemos con ese baile libre.

¿Martina no sabía bailar?

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