Sin levantar el lápiz

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La chica de Recursos Humanos

Página 13 · Domingo 2 de agosto de 2026, a la tarde.

Hace unos años viajé a Estados Unidos, más precisamente a Los Ángeles. Fui completamente solo. Era un viaje de trabajo, la primera vez en mi vida que viajaba solo a un país que no era el mío y donde se habla un idioma que no es el mío.

Bueno, me venía mentalizando bastante para este viaje, sobre todo psicológicamente, practicando un poco de inglés e intentando seguir las instrucciones del que en ese momento era mi jefe. Yo estaba entusiasmado.

El día del vuelo llegó y me acuerdo de que, al arribar a Estados Unidos, apenas me bajé del avión, en el primer control me paró un policía negro que era enorme. Me preguntó dónde iba y qué iba a hacer. Obviamente yo ya tenía esas respuestas estudiadas. Le respondí todo como un duque.

—Okay, sure. Thanks, keep going and have a good trip.

Bueno, salí del aeropuerto y me estaba esperando Sergey, mi compañero de trabajo en ese momento, de la empresa local de Los Ángeles. A pesar de que era sábado, fue a esperarme igual. Muy buen gesto. Me llevó al depto y, sin muchas vueltas, me dejó ahí.

—See you on Monday.

No me acuerdo qué hice ese sábado y ese domingo de soledad en Hollywood, pero bueno, se hizo el lunes y a mí me habían dicho que tenía que preguntar por Greta, de Recursos Humanos. Llegué a la oficina, que quedaba en la avenida principal, y toqué el portero.

—Hello...

—Hi, I'm Gastón, the new guy from Argentina. I'm looking for Greta.

—Oh, Greta is not here. She is on vacation, but come in!

Así que bueno, entré a la oficina y me llevaron hasta mi box. Me presentaron a mis compañeros, me mostraron la cocina, la sala con la mesa de ping-pong y un living donde teníamos cinco canillas distintas con cerveza artesanal para tomar cuando quisiera...

En fin, el día pasó y se hizo martes. Al fin conocí a Greta, de Recursos Humanos, y me dio la bienvenida. Cuando terminó el día fuimos todos a comer algo y a tomar unas birras a un bar que estaba bueno. Entre cerveza va y cerveza viene, risas, no sé por qué carajo se me ocurrió contar que yo era «cultivador de cannabis». Algunos me miraron, pero nadie hizo cara rara.

Unos minutos después veo que Greta se va y vuelve al rato. Me llama aparte y me dice:

—This is for you.

Era una bolsa Ziploc con las mejores flores de faso de California. Olían muy bien. No lo podía creer: ¡la chica de Recursos Humanos me había conseguido faso en Los Ángeles! Qué nivel... Se ve que le caí bien. Ella me parecía un poco rara...

Bueno, la noche siguió y después nos fuimos algunos de los que estábamos ahí a mi depto, a seguir tomando algo. En este punto ya éramos todos mejores amigos. Los temas de la charla eran trabajo, dinero, religión y esas cosas que habla la gente cuando se pone en pedo. Yo vine hasta el depto con Greta y con David, en el Jeep de Greta, que era un Jeep negro, un Wrangler. Era alto auto. Siempre quise tener uno así.

Bueno, el miércoles volvimos todos a trabajar y eso. A pesar del alcohol, estábamos todos como nuevos al otro día. Ya casi llegando las seis de la tarde y la hora de irnos, me aventuré a mandarle un mail a Greta. Algo tenía que hacer, porque estar solo en un depto de Hollywood no era un muy buen plan y yo quería conocer lugares. Así que escribí:

—Hey! I'm going to a bar after work. Do you want to come with me? If you don't, could you recommend me a place?

Recibí su hermosa respuesta en menos de cinco minutos:

—There's a place called Hell. I'll pick you up at 6:40 p.m. at your apartment.

Bueno, genial. Tenía con quién ir por ahí a tomar algo y no aburrirme. Tenía flores. Tenía un lugar llamado Hell para ir...

Me fui al depto, me bañé y esperé. Dicho y hecho: a las 6:40 p.m. tocaron el timbre. Abrí la puerta tranquilo y... no lo podía creer. Una chica de pelo azul —una peluca—, con una minifalda muy corta, medias de red y ligas, los labios pintados de negro y unas botas MUY altas de algo que parecía charol... ¡Era Greta! Pero estaba transformada, era otra persona.

Mi asombro no paraba de invadirme. Me gustaría poder plasmar esa sensación al ver a una persona tan transformada. Greta era una chica muy formal y muy seria en la oficina. Muy correcta...

Lo único que pude decir fue:

—You are beautiful.

Créanme que sonó muy tosco, pero fue lo único que pude decir. Ella me miró y me explicó que yo no estaba vestido de forma adecuada para ir a Hell, pero que no importaba porque era amiga del patovica de la puerta.

Yo estaba vestido con un jean y una camisa, muy correcto. Generalmente no me vestía así, pero me había comprado ropa para la oficina. Me iba a trabajar por un mes a Hollywood. Tenía que parecer una persona normal.

Bueno, llegamos a Hell. Había poca gente en la puerta, pero nosotros pasamos por un pasillo del costado. Nos frenó un patovica negro enorme, me miró feo y me dijo:

—¿Vos quién carajo sos?

Me miró de arriba abajo. Greta le explicó que yo era su amigo y entramos.

Al entrar no lo podía creer. Había escenas de película en todos los rincones de Hell. Todos estaban vestidos de forma rara, como vampiros. Había gente maquillada con sangre, gente que tenía dientes con colmillos, mucha gente con muy poca ropa. El negro era el único color posible, aparte del rojo sangre. En el medio de la pista de baile había una jaula con muchas chicas adentro, con látigos... Pasaba gente con su «pareja» usando una correa, caminando en cuatro patas...

Tuve miedo.

Bueno, en un momento Greta me dijo:

—Quedémonos por acá.

Nos fuimos a una barra un poco escondida. Estábamos medio ocultos. Mi miedo seguía ahí, pero también mi asombro. Como si todo eso fuera poco, Greta me dijo:

—No quiero que nos vean, porque le van a contar a mi exnovio. O puede aparecer él y me va a ver con vos.

Dios mío y la puta madre, pensé. Si así son todos los que están acá adentro, no me quiero ni imaginar lo que es el exnovio... Y yo todo flaquito debilucho y vestido como Rogelio Roldán el primer día de trabajo.

—¿Pero tu ex puede venir?

—No creo que venga.

En una de esas me dijo:

—Vamos arriba, que quiero hacer algo...

Subimos por la escalera después de terminar los tragos y, madre mía, había muchas habitaciones subdivididas que se podían ver desde afuera. En varias había sesiones de sadomasoquismo, fetichismo, sexo grupal y todos los ismos que te puedas imaginar. En este punto el miedo era lo de menos. Yo estaba dentro de una película de Tarantino...

Llegamos a una parte donde había una mujer enorme, toda engomada, con un látigo, arneses y muchos elementos que parecían preparados para operar a alguien. En ese momento comprendí qué significaban todas esas cosas y esas frases incompletas que Greta había tratado de explicarme durante la noche. Sus gustos, sus cosas «raras», el sado que yo creía que era una exageración de lo que insinuaba... ¡y era literal!

Entonces Greta me dio su cartera para que se la tuviera y entró a la jaula. La mujer enorme le hizo elegir un látigo. Greta eligió uno con puntas como espinas. Entonces la mujer la colgó de unos arneses y, con un sistema de poleas, la elevó atada de las manos. Sus pies no tocaban el piso.

Empezó a darle latigazos como los que recibía Mel Gibson en La pasión de Cristo, pero estos eran de verdad. Le daba con toda... Se escuchaba: ¡zas! ¡slash! ¡pafff! Le dio latigazos durante casi treinta minutos. La ropa hermosa de Greta se desgarró, casi dejándola desnuda...

Finalmente Greta salió de la jaula. No podía ni caminar.

—We go...

Salimos a la puerta y nos pasó a buscar un taxi negro. A Greta se le veía todo el culo, tenía toda la ropa rasgada y tosía. Estaba muy dolorida. Llegamos a su depto. Como pudo, se sacó los tacos aguja y se sentó sobre la cama.

Yo todavía tenía su cartera en la mano y seguía vestido como una persona normal.

Greta metió la mano debajo de la almohada y sacó un revólver. Sí, uno de verdad. Era muy grande y parecía pesado. Miró el arma y después me miró a mí.

—Esto es por si viene mi ex.

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